Prácticas Pedagógicas Inclusivas
La dimensión de prácticas pedagógicas inclusivas invita a mirar la escuela no solo como un lugar de enseñanza, sino como un ecosistema pedagógico vivo, donde las decisiones, acciones y relaciones cotidianas reflejan los valores y principios de la educación inclusiva.
No basta con declarar la inclusión en los documentos institucionales; es necesario materializarla en las actividades del aula, en los espacios diarios, en los proyectos pedagógicos escolares y extraescolares, en las evaluaciones y en cada interacción diaria.
En este proceso, la participación de todas y todos es central: cada estudiante debe estar presente, implicado y reconocido en la vida escolar. Además, se valora no solo lo que se aprende en clase, sino también los saberes y experiencias que traen desde sus hogares, territorios y contextos: saberes ancestrales, populares, digitales, emocionales, entre otros. Esta perspectiva amplía lo que se considera valioso para el aprendizaje y fortalece el sentido de pertenencia y reconocimiento.
“Esta dimensión se refiere a que las prácticas educativas reflejen la cultura y las políticas inclusivas de la escuela. Tiene que ver con asegurar que las actividades en el aula y las actividades extraescolares promuevan la participación de todo el alumnado y tengan en cuenta el conocimiento y la experiencia adquiridas por los estudiantes fuera de la escuela. La enseñanza y los apoyos se integran para “orquestar” el aprendizaje y superar las barreras al aprendizaje y la participación. El personal moviliza recursos de la escuela y de las instituciones de la comunidad para mantener el aprendizaje activo de todos”. (Mel Ainscow, 2002)
La imagen a continuación sintetiza tres ejes fundamentales que orientan esta dimensión: el fortalecimiento del talento humano, el diseño de estrategias pedagógicas inclusivas con enfoque interseccional y la articulación de sistemas de evaluación coherentes con el PEI. Estos componentes se complementan entre sí y permiten avanzar hacia una escuela donde la inclusión se expresa de manera concreta en las prácticas pedagógicas, generando condiciones para la participación y el aprendizaje de todas y todos.
El desarrollo de prácticas pedagógicas inclusivas implica transformar el aula en un espacio que reconozca y responda a la diversidad de trayectorias, identidades, saberes y características de niñas, niños, jóvenes y adultos. Esto supone diseñar ambientes de aprendizaje flexibles y propositivos, utilizar estrategias didácticas pertinentes y disponer de recursos pedagógicos que promuevan la participación, el progreso y la promoción de todos los estudiantes.
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Recursos asociados
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